58 Fibrilacion Auricular Mi muy amada Iris viajó a Puerto Rico, para quedarse, el 20 de marzo 2025. Se quebraban 33 maravillosos años. Dolor brutal. Le dije te esperaré cada dia. Así ha sido. Me crei fuerte. Mi espíritu lo fue. Me hablé incansablemnte. Al cabo de mas de un año casi llegué a aceptarlo. Pero mi cuerpo no lo toleró. Nunca imaginé que mi corazon no podría soportarlo. Tres días despues de su partida, el 24 de marzo, fui al Cesfam Apoquindo a hacerme unos exámenes. Sentado a la espera de que me atendieran, me vino un mareo y luego otro y después de un rato otro y otro más. Entre mareos me sentia del todo bien. Como si no hubiera pasado nada. Y de pronto sin razon aparente venia el siguiente mareo. Despues bienestar y al rato otro mareo. Los mareos eran cada vez más intensos. Esperé un largo rato. Intenté caminar hasta el carro. Cuando iba saliendo del Cesfam los mareos eran demasiado intensos. Me tuve que sentar. Llamé a mi hijo Ricardo para que pasara por mí y me llevara a urgencia en Clínica Las Condes. Mientras esperaba a Ricardo, recibí una llamada de Iris, desde Puerto Rico, preocupada porque intuía que yo no estaba bien.. En la clínica me hicieron numerosos exámenes. Llegaron a la conclusión de que mi mareo era consecuencia de un “desequilibrio metabólico”. Los médicos disparan con escopeta a la bandada de pájaros. Si los doctores me hubieran conectado a un monitor y se hubieran fijado en las cifras que el monitor mostraba o si me hubieran chequeado el corazón con un simple estetoscopio durante un tiempo prudente, podrían haber observado que se trataba de una fibrilación y me podían haber ahorrado gravísimas dificultades. Me cobraron más de 1000 dólares por mi estadía en urgencia y, lo que es más grave, me dejaron con la convicción de que cada vez que tuviera mareos los médicos me someterían a numerosos exámenes y llegarían en el conclusión de que no tenía nada,que se trataba de un “desequilibrio metabólico”. Entonces pasé siete meses, soportando los mareos, convencido de que una visita a una clínica sería inútil y muy costosa. Esa misma semana, un viernes de marzo, tuve que retirarme del gimnasio, porque mientras hacía ejercicios, comencé a marearme. En junio, después de hacer en el piso ciertos ejercicios para abdomen y espalda que venía haciendo cada dos o tres días durante los últimos 30 años, poco después de ponerme de pie, me sentí ligeramente mareado. El 7 de julio, registré,haber sufrido mareos durante reunión de Management. El 27 amanecí mareado. El 16 de agosto estuve mareado desde las seis de la tarde hasta las 12 de la noche. El 25 y 26 de agosto mareado a extremo de fainting 29 set registré estar muy mareado La semana del 13 al 17 de octubre fue brutal. El lunes 13, tuve que abandonar la reunión de gerencia de nuestra empresa. Lo hice pensando que el aire podía estar contaminado y que eso era lo que me estaba mareando. Caminé en un patio abierto al aire libre durante alrededor de media hora, pero los mareos seguían. Intenté regresar a la reunión, pero no pude hacerlo. Me fui a casa. Ya en esos días, a veces no sólo me mareaba: además sentía como una explosión dentro de mi cerebro. El viernes 17 tenía una reunión con mi hijo Antonio y Carlos Celle en busca de financiamiento para Citysense. Durante esa reunión estuve brutalmente mareado al extremo de que tenía que tomarme de los brazos de la silla en la que estaba sentado para no caerme de ella. Cuando salimos de la reunión caminé hasta el carro de Antonio, muy mareado. No le hice ningún comentario. Mi hijo me invitó a tomar un café. En el café me tuve que afirmar de una de las mesas. Me senté frente a él y le dije que estaba terriblemente mareado y que venía sufriendo de mareos de hacía varios meses. Pensamos que podía ser un problema de azúcar. Compremos un kit para test rápido de azúcar en la sangre. Los resultados fueron buenos. No era azucar. Le pedi que me llevara a urgencias de Clínica Alemana, porque ya no podía soportar los mareos. Cuando llegamos a urgencias Antonio me llevaba en silla de ruedas. Yo me sentía muriendo y así se lo comenté. Le dije: me estoy muriendo, me importa un carajo morirme. Nunca he tenido miedo a morirme. Tengo la sensación de que me voy a morir aquí y ahora. Cuando nos atendieron yo había perdido parte importante de mi conciencia. Antes habíamos pasado por el centro de hemodiálisis de Clínica Alemana, donde nos encontramos con el médico que habitualmente me atendía y a quien no reconocí. Discuti que no era él. Que era un médico nuevo que jamás me habia visto. Poco después no reconocí a mi hijo Ricardo. ¡Quién eres tú? Su rostro muy cerca del mío. Ricardo, tu hijo Ricardo Lo mire detenidamente. Incrédulo. Ya en urgencias me hicieron varios de examenes. Concluyeron que padecia de “desequilibrio metabólico” y me enviaron a una habitacion de supuesta “terapia intermedia”, a razon de 1500 dolares por noche, área donde no habia médico de guardia y donde las enfermeras no sabian por qué sonaba la alarma del monitor al que yo estaba conectado cuando éste mostraba que mi pulso habia pasado de 130, lo que ocurrió cada algunos minutos durante toda la noche. En resumen, área descuidada con personal sin la mas elemental calificación por la que la clínica factura 1500 dolares por dia. El día siguiente, al mediodía, mi hija Valentina llegó a visitarme. Como la noche anterior había observado que mi pulso se veía muy elevado y cambiante y ahora observaba lo mismo en los monitores de la habitacion, se instaló con su computador a llevar un registro de mi pulso y de la hora en que la frecuencia se elevaba considerablemente. Después de una hora lamó al médico, le hizo ver los registros y le dijo que en su opinión el problema que yo tenía no era un desequilibrio metabólico, como me habían diagnosticado los médicos de Clínica Alemana, si no una problema del corazón que se reflejaba en que mis pulsaciones subían hasta 170 o más, y después de mantenerse un tiempo bajaban hasta 50 o 60 y esto se repetía cada uno o dos minutos Al ver el registro de mis pulsaciones que le mostraba mi hija, el médico no le hizo caso como es habitual en la medicina contemporánea. Qué podía saber una muchachita sin disfraz de médico y cómo se atrevía a opinar sobre una enfermedad. Pero ante la encendida insistencia de mi hija el médico dijo que se retiraría a la sala de control a evaluar la situación. Al poco reapareció y admitió que la jovencita tenía razon: que yo estaba padeciendo de fibrilación auricular. Solo entonces llamaron a un cardiólogo para que se hiciera cargo de mi situación, de modo que si no fuera por mi hija yo probablemente habría muerto en Clínica Alemana, siendo objeto de un tratamiento equivocado para una enfermedad habitual como es la fibrilación auricular. Es importante destacar que la fibrilación se caracteriza entre varias cosas porque el corazón genera coágulos que van directamente al cerebro a través del flujo sanguíneo, lo que pone al paciente en gravísimo riesgo de daño cerebral. Medicamentos para la FA son anticoagulantes para reducir la generacióin de coágulos y drogas para reducir la intensidad de los peaks de pulsaciones, buscando que éstas no lleguen a 150 ó 180 y lleguen solamente 100 o 90. Como anticoagulante en Clínica Alemana me dieron Warfarina, medicamento que ha dejado de usarse pero que tiene para la clínica la ventaja de que cuando el paciente está usando Warfarina es necesario hacerle frequentes exámenes de sangre para determinar si la dosis debe aumentarse o disminuirse. Entonces la clínica puede cobrar 100 o 200 dólares por cada uno se esos exámenes de sangre que le cuestan 20. Afortunadamente el cardiólogo y el nefrólogo me quitaron la Warfarina y me pusieron un medicamento más moderno, el Apixaban. Para limitar la intensidad de las pulsaciones me prescribieron Bisoprolol 2,5 mg, dos veces al día. Esto redujo esa intensidad, pero trajo el riesgo de que mis pulsaciones llegaron a estar demasiado bajas. Llegaron a estar a menos de 40 lo que también constituye grave riesgo. Para atenderlo me instalaron un marcapasos. Instalado, mantuvieron la dosis de Bisoprolol y agregaron Amiodarona. Tiempo después, sometido a esta fuerte cóctel de drogas empecé a sentir que mis piernas estaban muy débiles al extremo que me resultaba dificil y desagradable caminar. Cómo añoraba los días en que durante toda una vida fui trotador y caminante incansable. Entre los doctores que visité uno me redujo el Bisoprolol de 2,5mg, dos veces al día, a 1,25mg, una vez al día. Con esto mis piernas resucitaron y pude volver a disfrutar de caminar.